
La espuma enredada en su pubis recordaba a la creación de Venus, diosa nacida del nácar, el principio de las ganas que se abultan, que urgen al cuerpo a irse en convulsiones para penetrar, para dejarse hincar el deseo, suave fricción, mientras el mar lo hace con la arena, en un vaivén que lubrica, que acelera el pulso. ..




