
exactamente no fue lo que vi, pero no encontre otra.
El jueves, en Caracas, como casi siempre, hubo una cola infernal. Iba por la autopista, ni modo detenerme en un barcito y empujarme un buen guarapo para pasar el tiempo y que los carros se fueran deshaciendo en la noche. Escuchaba las noticias, aterrantes todas, y tuve la suerte de que algo en el cielo, una enorme luna color naranja, empezó a despuntar por oriente… Como un mago de oriente, pensé. Fue un espectáculo. Recordé aquello que se ha dicho tanto últimamente: “la maravilla de ver lo que nos rodea y disfrutarlo”.
¿Cómo se vería en el llano? ¿Cómo en la Isla de la Gata? ¿Cómo en la población que alberga a los latidos de mi corazón?
El jueves en la noche, mirando a la luna, hice un conjuro y tengo la certeza que se cumplirá. Los dioses no engañan, sólo piden paciencia, a veces…