Friday, November 03, 2006


Trató de perderse en una noche de lluvia, con el cuento de Pinochio en las manos, recordando, tal vez, la voz que una vez le contaba que, al cerrar los ojos, unos gnomos veían y ponían arenilla entre las pestañas, para que los ojos se sellaran y se pudiera aguantar la falta del día y caer en un sueño que no diera miedo.
Así comenzó su viaje.

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