
En el rumor del frío extendió el ala para rozar a su compañera, en un abrazo que le decía: aquí estoy.
No pasó mucho tiempo para que ella se acurrucara entre el mullido plumaje que le brindaba, mientras veían al viendo dibujar siluetas en lo que parecía ser un invierno que los mantendría siendo uno solo. Un solo palpitar.
Los pingüinos suelen quererse mucho, incluso estando lejos de su parcela helada…
2 comments:
yo quiero un pinguino!!!!qe me acurruque con su ala y me deje estarme allí tan calentita y cuidada.
besos
bello.
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